Bilbao, un núcleo urbano que destaca por su gente y sus paisajes. Una de esas ciudades que te permite disfrutar al máximo de cada pequeño rincón. De las que logra que quieras perderte en sus calles indefinidamente. Puede que sea por la pureza de su aire o tal vez sea esa sensación… la sensación de encontrarse en una ciudad que entremezcla lo antiguo y lo nuevo como fruto del gran punto neurálgico que fue en su día para la industria siderúrgica de la región.

“No puedes permitirte pasear sin hacer una parada obligatoria en algún bar de pintxos”

Moyúa como punto de partida

Cuando llegas a la villa de Bilbao por el túnel de Artxanda te encuentras con una estampa increíble: el imponente Guggenheim aparece como telonero para darnos la bienvenida. Una estampa única nada más comenzar la andanza por “el bocho”. Al terminar de cruzar la ría por el Puente de La Salve llegarás a una de las localizaciones fundamentales en Bilbao: la plaza Moyúa. Desde este punto se puede tomar cualquier dirección para ir a casi todos los lugares de la ciudad. Avanzar por una de las cuatro calles que la cruzan es comenzar una nueva aventura por la ruta bilbaína.

La plaza tiene una belleza especial. Cambia según de donde la mires. No es lo mismo ver al final de la calle el puente de La Salve que ver la calle peatonal de Ercilla o la gran pantalla del estadio San Mamés luciendo la nueva equipación del Athletic Club. Es además, una plaza en la que la actividad no cesa en ningún momento del día, ni de la noche, ya que sirve de acceso a calles como Poza, donde no puedes permitirte pasear sin hacer una parada obligatoria en algún bar de pintxos.

Siete calles, miles de historias

El Casco Viejo y sus Siete Calles conforman el barrio más antiguo de Bilbao. Acoge lugares como la Plaza Nueva y edificios tan emblemáticos como el Teatro Arriaga, la estación de Atxuri o la Catedral de Santiago. En esta zona podrás encontrar casi 500 establecimientos comerciales, entre los que destaca el Mercado de la Ribera; la mayor plaza-mercado del continente europeo. El olor que desprende te hará desear recetas con los ingredientes que allí se exponen (carnes, hortalizas, verduras, mariscos, pescados de la zona…)

“el casco viejo está compuesto por 7 calles estrechas, conocidas como zazpi kaleak”

Andar por Somera, Artecalle, Tendería, Belosticalle, Carnicería Vieja, Barrencalle y Barrencalle Barrena significa sentir, vivir y apreciar el Bilbao más antiguo. Algunas de sus calles datan del S.XIII y se encuentran interconectadas de una forma que te obligarán a adentrarte por angostos pasajes que te teletransportarán en el tiempo. Sobre ellas, la Catedral de Santiago, una imponente basílica del gótico que es ruta de paso para los peregrinos en su viaje a Compostela.

Siguiendo el cauce; de San Mamés al Arenal

La ría es una parte esencial en la ciudad. Antaño era tránsito de barcos de pesca y transporte hacia los puertos de la desembocadura, pero hoy es un símbolo más de lo que representa el crecimiento de Bilbao. La ciudad se sitúa a través de su sinuoso cauce que sirve de división natural entre el Casco Viejo y el Arenal con el Ensanche y el Bilbao más moderno. Mientras andes a su vera podrás encontrarte monumentos como el que representa en sí el propio museo Guggenheim de Frank Gehry, parada obligatoria para todo amante del arte, parada obligatoria para todo tipo de turista… También podrás empezar dándote un salto al museo naval de la ría donde verás la famosa gabarra del Athletic Club o la grúa Carola en la dársena pesquera de Ramón de la Sota.

Empezando por aquí no debes aplazar la visita a “La Catedral”, actualmente emplazada en el mismo lugar que la anterior: el Nuevo San Mamés, estadio insignia del fútbol vasco, español y europeo donde juega el Athletic Club de Bilbao. Volviendo al cauce de la ría podrás decidir adentrarte por uno de los muchos parques que decoran la ciudad y que la convierten, desde 2006, en un ejemplo claro de ciudad sostenible. La sede de Iberdrola, un mastodonte de cristal, destaca en mitad del parque Casilda Iturrizar. Otro parque de ensueño, que es parada obligatoria, son los Jardines de Albia, un hermoso jardín que adorna las proximidades del hotel Hesperia Zubialde.

No serán las únicas paradas. Antes de alcanzar el Arenal deberás hacer una pausa en las afueras del museo y disfrutar de la belleza que la propia arquitectura brinda al turista. Continúa por el paseo Uribitarte hasta alcanzar el Puente del Ayuntamiento y crúzalo para pasear por El Arenal, localización del antiguo puerto de la villa de Bilbao. Regresa al Bilbao más antiguo en el Teatro Arriaga…

“Ría de bilbao, en su rivera se encuentran los edificios más emblemáticos de la ciudad”

Artxanda: Bilbao a tus pies

La ciudad vizcaína se puede disfrutar incluso desde las alturas. Tras un paseo por la ría y sus encantos la pregunta de por qué no ver la ciudad desde otro punto de vista cobra más intensidad. Solamente tenemos que cruzar el increíble puente Zubizuri (obra de Calatrava que ha traído de cabeza a los ciudadanos y responsables políticos de la ciudad) que conecta el Ensanche con el Campo de Volantín y andar apenas un par de calles hasta alcanzar la plaza del funicular que te llevará a la cima del monte Artxanda. Subir la ladera de la montaña en unos estrechos vagones es lo de menos, la magia llega después.

Un funicular recorre las viejas vías que van desde la base de la montaña hasta Artxanda. Solo hace falta caminar unos metros para asomarse al mirador. ¡Eso sí que sorprende!

Bilbao. Mires donde mires ahí está. En medio de las montañas resaltando una hermosa panorámica. Desde las alturas se diferencian los colores de una hermosa ciudad cuyos edificios entremezclan estilos. Un paisaje que queda atravesado por el Nervión dividiendo la ciudad en dos y que muestra por qué es ciudad sostenible, sus verdes parques contrastan con los cristales y el hormigón. Pura belleza.

Un Puente entre el Cantábrico y Bilbao

La ciudad le debe gran parte de su industrialización a la actividad comercial y siderúrgica que tenía el País Vasco que tenían como puerto de entrada y salida los municipios de Portugalete y Getxo, donde la ría se termina de abrir paso hacia el mar cantábrico. Toma el metro hasta llegar a Portugalete.

Al salir de la estación te encontrarás en mitad de la ciudad, pero lo que realmente te habrá llevado allí está ladera abajo. Mientras andas el casco viejo de la ciudad, casi perenne al paso del tiempo, llegas al estuario y contemplarás uno de los motivos por los que habrás ido: el Puente Vizcaya.

El Puente Vizcaya o Puente Colgante se construyó en 1983 y es el primer transbordador del mundo. Una maravilla de la ingeniería hecha de cables y metal que consiguieron unir los dos márgenes. Todo un monumento de la Revolución Industrial, laureado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, que se ha convertido en un icono para la región. Caminar a 40 metros de altura sobre el nivel del agua y ver que bajo los tablones de madera no hay nada es algo ¡IMPRESIONANTE! En este paseo se aprecia la historia en él escrita para deleite de los visitantes. Unas vistas únicas, de los municipios de Getxo y Portugalete, su regalo.

A la otra orilla y ante ti Getxo. Un municipio conocido por ser el margen más pudiente de la desembocadura que permite vistas como las del muelle deportivo o, simplemente, disfrutar de algunas de sus playas.

Aunque, sin duda alguna no se puede pasar por Getxo y no acercarse al “Camino de las Grandes Villas”, donde las mansiones en primera línea de playa serán “la comidilla” de los más curiosos.

Darío Ruiz